LA VUELTA A LAS ANDADAS

Karmelo C. Iribarren (poeta sugerido)

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Del hombre dicen vuelve a las andadas,
el hombre es ese ser que, presumido,
fingiendo que se siente compungido
en vez de dar respuestas da calladas
contento de él haberse conocido.

Se encuentra en un constante movimiento,
lo mismo que si fuera una veleta
no sabe ella pararse, no está quieta,
que espera en su esplendor la mueva el viento
vagando sin parar hasta la meta.

Al hombre le acompaña una congoja,
anclado como está en sus telarañas,
soñando en realizar grandes hazañas
cogiendo al caminar cuanto se antoja,
subiendo y escalando las montañas.

Y sigue paso a paso a la deriva
mirando cada cosa a cada lado,
dudando si lo ha visto o imaginado.
El hombre lleva a cuestas mientras viva
creer que no está libre de pecado.
©donaciano bueno

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Karmelo C. Iribarren

NO ES PARA TANTO

Dada mi biografía
he de admitir
que no contaba con que esto sucediese,
pero el caso es que aquí estoy,
he llegado,
soy eso que algunos llaman
un hombre de mediana edad.

No está tan mal,
no es para tanto:

la esperanza reducida
a llegar al día siguiente,
el paraguas siempre a mano.

NO ES EL MÍO ESTE TIEMPO

Estas calles que recorro cada día
hace tiempo
que ya no son mis calles:

cruzo los puentes, entro en las librerías,
me siento en los bancos de las plazas,
miro la lluvia hipnotizado desde los bares,
hago, en fin, lo que he hecho siempre,
pero no son mis calles.

Hace tiempo que decidí quedarme al margen
de un tráfago de gentes y de ideas
que no me dicen nada,
en las que no me reconozco.

Con esa compañía, mejor solo.

POR ALLÍ ARRIBA

Por allí arriba
cruza una bandada de pájaros.

Parecen golondrinas.

Forman
la clásica punta
de flecha.

Huyen del invierno
hacia el sur.

A ver si coincidimos
cuando vuelvan.

Serán buenas noticias para mí.

EN EL ALVIA, LLEGANDO A BURGOS

El cielo
está poniéndose
de lluvia.

Pronto
caerá la noche
y mi otro yo
irá emergiendo
lentamente
en la penumbra del cristal.

Me pedirá explicaciones,
como hace siempre.

A ver
qué me invento
esta vez.

LA ÚLTIMA FUNCIÓN

Ahora
vivir ya es aprender
a despedirse,
los días van pasando ante tus ojos
con su lluvia cansada
y su luz vieja,
sin brillo,
y las noches se han vuelto
peligrosas,
nunca sabes
qué te vas a encontrar
al otro lado.

Ahora
—como cuando se acaban
los domingos—,
todo parece estar a punto de irse,
querer representar
su último acto,
dar por terminada
la función.

El que apaga la luz
quiere marcharse a casa.
Pero tú no te des por aludido.

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Caerse alguna vez. Tres, cuatro, cinco.Caerse y por supuesto levantarse,mirando hacia el culpable y revelarsey hacer como si no, pegando un brinco.
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