EL ÚLTIMO PASO

José Guillermo Ros Zanet(Poeta sugerido)

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Deseo haber nacido hecho de arcilla
pareciéndote a ti muy refrescante
al rozar con mis labios tu mejilla
y extenderlo a mi cuerpo insinuante.

Y poder acercarme hasta la orilla,
respondiendo a tus ansias al instante
comenzando a subir por la rodilla
y avanzando seguir hacia adelante.

Cuando ya haya llegado a la mirilla
bordeando del abismo el mal causante
en tus ojos ver la luna como brilla.

Y después de insinuarme a ti, chiquilla,
preguntar si deseas ser mi amante,
sembrando hacia adelante la semilla.

©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: José Guillermo Ros Zanet

José Guillermo Ros Zanet

Poema,

Por las horas que caen hasta tu rostro
-circuido de pájaros y voces-,
por la yerba que crece en los escombros,
por las cosas que nacen en las noches
pobladas de antiguas flavescencias,
por la carne de árbol que sustenta tu nombre,
te amaré hasta el cansancio,
llevado por la euritmia del tiempo y el espacio.
Del libro:Poemas Fundamentales.

Origen,

Huyen los pájaros profundos.

Mar y rocas y vértebras de peces
subyacen tras la imagen primitiva
de este sueño que yo sueño.

Noble junco y ciega flor de siempreviva
lo circundan.
(Ya retornan sus huesos a mis huesos).
Arcángeles de sal y clorofila
edifican su luz aborigen, liberada.

Viva forma reintegrada a mi voz,
marina, vegetal y exacta.

Signo,

Todo era la noche:
negro barro
y hojas negras,
llanto amargo.

Sangre y signo de mi sueño taumaturgo,
de mi vertical
acento de amor desesperado.
Voz astral de lirio y nardo.

El perezoso,

El oso Perezoso,
el mono Perezoso,
el perico Ligero.
¿Por qué mono y perico,
si es perezoso y solo?
y sólo, por tan lento, perezoso.

Del árbol ha bajado, lentamente;
y, solo, ya bracea. . .
Brazo. . .a. . .brazo. . .Se acaba
lentamente su bosque;
y, perezosamente, se termina
la más mullida alfombra de mil hojas. . .

Al frente está surgiendo
la dura carretera.
Y “El Perezoso” sigue
para cruzar la inmensa,
la encendida autopista. . .
Ya comienza. . . ,Prosigue. . . ,cruza. . . ,dura…

De pronto, bruscamente contrario,
lo cruza un ruido inmenso. . .
No perdonó el “diez ruedas”;
ni, en el timón, el otro.
Desaparecen velozmente, duramente.

Queda mono-perico, lento y solo
adherido al cemento, y al destiempo.
Extraña ostia animal, y gris y roja. . .
Desde este instante, el lento está viajando
por duras autopistas,
por colinas y valles. Sin recuerdo.
¡Veloz! ¡Se ha transformado!.
Del libro: Lugares y criaturas.

San Juan,

San Juan, ciudad del tiempo,
de anillos y lebreles
lumbre gozosamente
descendida al misterio
y las horas.
Las colinas solares,
fontanas circulares.
Canjilones de lluvia.
Resolanas.

Solar cercano oriente.
La sabana encendida
de veranos,
de toronjil y llama.
Pastoriles senderos
y sus lumbres.
Los jinetes profundos
y sonoros.
Pasturas y majadas.

Higuerillas de lumbre,
el níspero sediento
y el alcanfor de luz
como una luna.
Algarrobos sonoros,
cigarras vesperales.
Tierreritas de llama,
los gnomos de la umbría. . .
Y corceles del alba.

Los abuelos de lluvia.
Sus naves invernales
salieron de la hoguera.
Casal de las higueras
-Pasa un aire de siglos-
Santoral de la vida.
Ermitas de la nube.
Las voces, la montiña,
las edades del agua.
La seda desde el alba.

Dúrenme tempestades,
hablas, reinos.
Árboles de la vida
y la Alegría,
el lenguaje, el dialecto,
los números, la lágrima,
la azumbre, el aguazal,
la fe del carpintero;
y mucho más.

San Lorenzo,

Altísima raíz
de todas estas tierras
de rebaños y lluvias,
situadas al oriente
de la noble ciudad
-Cantón del Ángel-
Estambre de la luz
y estos cielos heridos
de tormenta.
Valderas del Apóstol.

Montadores de potros
y de reinos.
Vinieron a poblar
los sitios de la higuera,
de aromo y cardillar.
Fonsecas. Palios. Cielos.
Trinitarias del musgo. . .
La luna entre los siglos,
como un cofre encendido.

Turbión de las palabras.
Solar empuñadura.
Aquí reposan siglos,
campanarios
y heráldicas espigas.
Comendadores solos
de vidas y de haciendas. . .
Azufres, alcanfores
y añoradas especias.

El recental y el tigre
aquí dejaron lumbres,
navajas y terrores.
Frutal desgarradura.
Cazadores de rumbos
y de cielos.
Salitrales de ciervos.
Jabalinas.
Flechadores de cielo.
Y hacedores de lumbres.

Los ojos pedernales
y la oscura manada.
El azogue insepulto.
Iba pesada danta
entre frutal y estruendo,
y el zaino de almizcle
y mordedura.
El colibrí encendido
de pulso o cerbatana.

La poesía,

Y dura
bien nacida,
y sigue,
piedra dura,
durando hasta la vida,
piedra pura.

Y muy duro le dan
entre las sombras;
pero sigue nombrando
hasta las médulas,
y sigue hablando duro,
en piedra pura.

Y le tiran cadáveres
y espantos
y sigue tercamente
subiendo a puntapiedras,
a piedra perdurable
y pedregosa.

Y para hacerla leña
llegan oscuros,
mudos.
Y sin embargo sigue
piedra siempre total
y duradera.
Tenaz piedra encendida,
piedra siempre cabal
y bien nacida.
¡Verdad tan verdadera
-la piedra-la Poesía!
Del libro: Cumbres aldeanas y otros poemas.

Puerto Pedregal,

Esteros de la luz
y clara sal solemne.
La sabana de sombras.
Luminarias del cielo.
Cadejos y silampas,
la dama del sombrero.
Ermitas y plegarias
y horneros de la bruma

Ermitaños del mar,
escamas y marismas.
Manglar de las derribas,
carbón de los auspicios.
Palmeras del albumen
y albuferas del cielo.
Pescadores del alba,
las hondas escafandras,
y ostral de las ofrendas. . .
Las barcas timoneras,
con sol de los remeros.
Vigilias de la mar,
las tenas y el tanino.
Leñadores de siglos
y carretas del alba.
Terral. Poma del cielo.
Infancia: agua de brumas.
Solar agua tomada.

Potrerillos,

Potrerillos de musgo
y limonero.
Cordillera ramal.
Pradera de la altura
y altura de las manos.
Llanura toronjil.

Silencio de subir
hasta la vida.
Piedra en la piedra
y en las manos vida.

La molienda del cielo.
La atadura y la miel.
Caminaban los hombres
-humanamente, el hombre-
encendiendo
un agua de labranza
y poderío.
En el frío,
en el aire
y en las eras
se reúnen las eras
y las vidas,
las más dulces colmenas
tutelares.
Honda fertilidad
de la labranza.

Extendido jardín,
alba del trueno.
Flor de la piedra
y piedra del Carmelo.
Potrerillos, Chiriquí. Febrero de 1983.
Del libro: Cumbres aldeanas y otros poemas.

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