LA DICTADURA DEL QUÉ DIRÁN

Mi Poeta sugerido: »Daniela Camacho

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¿Qué he de hacer, qué dirán? Me da vergüenza.
Si no consigo hacerlo, ¿él que diría?
¿Me mirará la gente todo el día?,
quizás me tachará de sinvergüenza.

¿Y si fallo, no sé, no doy la talla,
no veo el escalón, ¡virgen maría!,
imagina pensar que pasaría
si me diera de bruces con la valla?.

Las risas a el entorno abrasarían
ardiendo mi cabeza en esa llama.
Todo el mundo me echaría mala fama,
los que nunca ven bien me zurcirían.

Ansiedad, te ruego hoy te detengas
ten compasión de mi. Pido amnistía.
no me importa saber de donde vengas
ayúdame a sanar esta sangría.
©donaciano bueno

La dictadura de la vergüenza. el temor a el “qué dirán” esta demasiado presente en nuestras vidas. 

MI POETA SUGERIDO: Daniela Camacho

Daniela Camacho

Poema para Ágata

para encenderte los párpados, Ágata,
y hablarle al leopardo que duerme a mitad de tu sangre
para escuchar el bramido de lilas a mitad de tu sangre
hay que ser ángel o violeta degollada
ceniza de uvas negras
vino ardiendo en la lengua de las animalas

hay que sacarse de los ojos la nieve
decir aguamarina
clavar una libélula en el pecho de los recién nacidos

para apagar la niebla hay que morir despacio
mientras los árboles arrullan a los astros

hay que morir despacio
y para siempre

Nada

te digo que vivir
es una mala noticia
nos abandonan en el mundo
con el cuerpo impregnado de otras soledades
y no tenemos nada

una casa enorme y vacía
nada
niños de ojos nublados
manos que envejecen
sin escribir una sola palabra
nada

despertamos sin saber qué día moriremos
ni de qué manera
caminamos con las piernas rotas
porque no sabemos nada
y te lo digo
no tenemos nada
sólo hambre
y fe
y miedo

MORIR DE PARAÍSO

III
Lavarás tu cuerpo poseída por la sombra. Al primer golpe de agua, la piel arrancará de tajo un nombre a la memoria. Querrás decir Leteo, canción del tenebroso, diamela, pero estarás muda de espanto. En la espera del que tañe mirlos en el aire, te descubrirás distinta a las demás hijas de Eva y hablarás por los desnudos.

Soy la que flota en el río, la despojada. Polvo de la madre extraída a su niña en trance.

La desnuda
dicen ellos
la bestia descarriada.

¿A qué tanto ropaje si en la piel se me calcina un nombre?
¿Para qué vestir de nube, aturquesada, si de arder me estoy muriendo?

Busco acordes en la niebla que apacigüen mi silencio. Me abandono en el lenguaje de las barcas. Del ciprés soñado por amantes solos nace una canción de cuna para las muchachas tristes.

En las ramas del almendro, madura el corazón del oboísta.

LUZ DE AZUL ENSUEÑO

I
Un bramar de clavicordios ensordece el valle de los muertos. Yo lo escucho con mi sed de noche en un vaso sin estrellas.

II
Estoy azuleciendo de sin palabras. El silencio es algo muy hermoso y muy terrible.

III
La niña que olvidó sus ojos marrones junto a la noche soy yo. La ciegamente sola, amadora del silencio, de la luz.

IV
Atardecí como la ahogada en un río de pája¬ros. La noche me resucitó las alas, pero alguien dijo que las muertas no saben volar.

V
Una horda de azafranes y su lluvia de semi¬llas herrumbraron mi lenguar. Ahora espero, con los ojos muy abiertos, que un caballito del diablo venga y me lama la nuca.

VI
La más sanguínea hembra tiene hoy venas vacías. Y es otramente ella, tan cantando como siempre en su apátrida lengua.

AVE MUDA

I
el corazón del náufrago lo sabe
lo presiente:
hay una campana bajo el mar
que espera ser tañida por las manos del ahogado

II
este puerto que se incendia
a golpe de guitarra y amapolas
baña con su luz marina
los retratos de mi infancia
en las barcas de nocturnos pescadores
la bahía se desordena
niños de ojos inundados
cantan en silencio
para sus hermanas ebrias

ellas danzan en el muelle
con melancolía de estatuas
ceden su blancura a las gaviotas
y el aroma de sus cuerpos
humedece la madera

es de noche en el verano de mi infancia
alguien canta una canción de cuna
y el ardor de la bahía se desordena

III
isla de pájaros:
caja musical donde la bailarina se desnuda
y tiende el corazón sobre las rocas

lavada por la sal y el viento
ella olvida lo que sabe del silencio
de la sed de su garganta
emigra para siempre un ave muda

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