REFLEXIONAR

»El Poeta sugerido: Rocío Rojas-Marcos

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Existir, ser, estar
y mirarse al espejo cada día
creyendo en lo que refleja y no dudar
de esa mueca que es de susto o alegría.

Vivir, contar, cantar
en la ducha las coplas que quería
que me acerquen al pasado; y recordar
que es vivir lo que entonces yo vivía.

Sentir, soñar, amar,
querer tocar el cielo con las manos
esperando sea dios al despertar
quien te quiera a ti y a todos tus hermanos

Y al viento contemplar
cómo acaricia y besa tus mejillas.
Y sin verle, de su gesto disfrutar
y el olor de las lindas florecillas.

Andar y recortar
el tiempo de esta vida tan pequeño,
sabiendo que nuestro fin ha de llegar
dejando para el fin el mejor sueño.

Éste soy yo, un juglar,
un poeta subido en una nube
para desde allí arriba contemplar
que en su fiel todo lo que baja, sube.
©donaciano bueno

Siempre he mantenido que los seres humanos hubiéramos sido más felices si dios nos hubiera hecho sin la parte baja de nuestro ser, las vísceras. Así se hubieran evitado los odios, las guerras. Comprendo que esto es una tontería pero en fin, para eso me ha dotado a su vez de un cerebro.

POETA SUGERIDO: Rocío Rojas-Marcos

Rocío Rojas-Marcos

Poesía

Mi poesía se derrumba entre estas páginas,
no logro escribir un verso
sin verme desparramada en él.
Abro el infinito
cuando destapo el bolígrafo (me siento, arrimo la silla)
acerco la mano al papel y vuelvo a estar aquí.
Vuelvo a desperdigarme,
reaparezco en cada punto y aparte
me hundo en cada coma,
tomo aire
(sístole-diástole)
y aquí estoy otra vez
desmigajada entre líneas.

En penumbra

…ni siquiera
el silencio me persigue
PAUL AUSTER

Ni las sombras cenitales acuden,
ni los llantos esquivos me encuentran,
ni tan siquiera el recuerdo de tu ausencia lo logra.
Encontré un día la esquina
donde volver la espalda a este miedo
—duda escénica ante lo desconocido—
que surge cada mañana.
Por eso, prefiero estar perdida
entre penumbras medio grises,
desdibujarme con las luces temblorosas,
entre los contornos confusos de mi tiempo
—ese únicamente mío— y así,
perdida, saberme sola
segura en la fuerza de mi soledad,
la que a las siete de la mañana,
cada mañana, con el frío vespertino
de este invierno azul, tembloroso y cruel,
me despierta entre rumores de día nuevo.

El final

Disfrazada de eternidad
tu sonrisa mentirosa desde
una esquina
me confirma la duda
—vulgar incertidumbre de futuro—.
Todo: cada roce, cada gesto,
cada ausencia: todo,
ha terminado.

Cuando esta mañana no veías
la lluvia inundando la habitación,
reduciendo nuestro espacio
a papel mojado, supe
—sucumbiendo ante la certeza—
que habías abandonado la casa
hacía ya demasiado tiempo.
Tanto, que ahora me doy cuenta,
ya ni te echo de menos.
Me he acostumbrado
a vivir sola mientras aún
te veo por el pasillo.

Desmembrada

Dedico días
a intentar expulsar sobriamente
las ideas que me ahogan.
Acumulo palabras enmarañadas,
las vuelco sobre páginas blancas
hasta trazar una línea entre ellas,
hasta unirlas
sólidamente,
hasta
convertirlas
en
un
balón,
hasta
pegarles
una
patada,
pisotearlas
escupirles
y transformarlas
en parte de mí.

El destino no existe

La casualidad juega con nosotros,
nos reparte cartas envenenadas y luego
espera que sepamos levantarnos
tras hacernos tropezar infinidad de veces
con la misma piedra. La casualidad,
compañera infiel de quienes no creemos en el destino,
trilera tramposa de mañanas ignotas.
Dibuja ante nuestra mirada aburrida
ficciones alternativas de la realidad,
posibilidades, diversidad de caminos. Opciones.
Y caemos, confiamos en sus artimañas,
pensamos que nos estaba esperando, no recordamos
que la casualidad nos encuentra
aunque la neguemos hasta tres veces.
No es destino,
todo en este mundo se decide por casualidad.

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