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1º APESADUMBRADO (mi poema)

2º El poeta sugerido: ''Aurelio Guzmán Berro''

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas TRISTES

 

Desnudo de cintura para abajo,
a solas con sus miedos y su sombra,
rendido como humilde escarabajo,
pasando van recuerdos a destajo
vertidos a lo largo de la alfombra.

Vestigios de ese ayer con desparpajo,
bragados cual soldado en mil batallas
que hoy ya tristes, campanas sin badajo,
simulan más la forma de estropajo,
vengativos, traidores y canallas.

Que el paso de los tiempos ha marcado
cual reses señaladas con el hierro.
Quisiera descubrir por qué ha pasado
que hoy tan triste se siente, acobardado,
penando sin piedad a este destierro.
©donaciano bueno

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Poema de la duda
Nuestro amor ya es inútil como un mástil sin lona,
como un cauce sin agua, como un arco sin flecha,
pues lo que enciende un beso lo apaga una sospecha,
y en amor es culpable el que perdona.
(José Angel Buesa)

MI POETA SUGERIDO: Aurelio Guzmán Berro

Aurelio Guzmán Berro

A LA INDUSTRIA

ADÁN, primer varón, surgió a la vida
Que Dios le deparó, de encantos llena.
Consciente, y libre de presión ajena,
Labróse, con su culpa, su caída.
Su prístina pureza así perdida,
Cundió la corrupción de vena en vena,
Y a la prole infeliz legó su pena
En su naturaleza enflaquecida.
Dios, misericordioso y providente,
Alto remedio al grave mal previno:
Descubrió la esperanza al inocente,
Puso en las aras el dolor divino,
Subió a la cruz, y al abatir la frente,
Alzó los ojos y mostró el camino.
¡Raza de Adán, la sierva y la señora!,
Tu tarea empezó desde tu cuna,
Y apuras las jornadas una a una,
Del solo viaje cuyo fin se ignora.
Trepando la pendiente abrumadora,
El bosque atravesando y la laguna,
Desoyes, al andar tras la fortuna,
Tu voz interna que reposo implora.
Llegar te ves, donde llegar aspiras,
Y acaso hastiada de tu clara estrella,
Las blandas auras del hogar respiras;
Mas no descansas; ilusión más bella,
Meta más ardua, en lontananza miras.
Y se alza tu ambición, gritando:

¡a ella! ¡Ah! desde la alborada de la vida,
la ambición en el alma se despierta
que va, por esa vía siempre abierta,
le deseo en deseo conducida.
Cruza al marcharse la ambición cumplida
con la que asoma por la fácil puerta
sin que un solo momento esté desierta
al alma débil que les da cabida.
Beato aquel que contemplando el cielo
sin desfallecimiento y sin mudanza,
a nobles fines empeñó ese anhelo!
Él podrá con serena confianza
dar sus despojos al materno suelo
y abrazarse, al morir, con la esperanza!
Llena de pruebas fue, penosa y lenta,
de nuestra estirpe la primer jornada,
cuando a sus propios fuerzas entregada
ndaba errando sin hogar y hambrienta.
desnuda ante el rigor de la tormenta,
contra graves peligros desarmada,
y en la zarza del bosque desgarrada
la obscura tez de rojo humor sangrienta,
Cuántas veces, acaso, habrá caído
el raudal de sus lágrimas amargas
a las espumas del torrente unido!
tú sola, dulce fe, que el alma embargas,
tus horas acortar habrás sabido;
Las que llena el dolor siempre son largas!
Pugnar debió, para nutrirse, un día,
el mortal infeliz; mas ya seguro
del hambre y de la sed, buscóse un muro
contra el rayo del sol que le ofendía;
bajo el hondo peñón que le cubría,
fuese formando su linaje obscuro;
allí, su corazón agreste y duro
al hálito de amor reblandecía:
viendo en la piel de la cerdosa fiera,
defensa al frío de la noche insana,
caza él, y la tierna compañera
con sólo su belleza, más galana,
guardando el fuego, en la caverna, espera.
Tal fue el origen de la Industria Humana.

Débil de cuerpo, mas de ingenio fuerte,
Con la rama nudosa y piedra rota
Contra los reyes de la selva ignota
Hace el hijo de Adán arma de muerte.
Después, el bronce, a su placer, convierte
En lanza aguda o defensora cota;
Dios, cuyo nombre de sus labios brota,
No le abandona en su precaria suerte.
El suelo, por su brazo, destrozado,
Él útil grano a que sirvió de abrigo
Devuelve a su heridor, centuplicado.
¡Oh Providencia fiel, yo te bendigo,
A ti, que protegiendo al desterrado,
Te muestras bienhechora en el castigo!
Unido el fierro a la adquirida lumbre,
El horizonte dilató su anchura:
La planta humana se movió segura,
Del hondo valle, a la empinada cumbre.
El arte, sucesor de la costumbre,
Ornó la utilidad con la hermosura;
Nació el deseo de mayor holgura
Y fue ya escasa la primer techumbre.
Caverna, choza y artesón labrado;
Ruda piel, sayo vil y blanda tela,
Son las etapas del camino andado;
¡Pero el viaje moral, deja su estela
Lejos del rumbo que le fue trazado
Por quien el giro de les orbes vela!

Cuando brilla en los cielos encendida,
En pos de humilde noche, la luz pura,
¿Esa tierra, no veis, árida y dura
De mil súbitas flores revestida?
Impalpable simiente, allí, escondida,
Despierta, y arrojando su envoltura,
Rompe los senos de la madre obscura
Al soplo misterioso de la vida.
Así también la actividad humana
Con fruto inesperado nos sorprende
En cada despertar de la mañana:
¡El saber a la industria el brazo tiende
Y un velo más de la natura arcana
Con el rayo del día se desprende!
¡Ya no se mide la labor del hombre!
Relámpago es su paso, en lo infinito
Del tiempo durador, y deja escrito
En hondas huellas el instable nombre.

¡Noble industria, salud! Lazo potente
eres, que al hombre con el hombre liga,
y la extensión a dominar le obliga
tras nuevos climas do mostrar tu frente.

Sí; supiste cambiar rápidamente
en pan sabroso la buscada espiga,
y el vellón tibio que la carne abriga
al tugurio allegar del indigente;

mas ¡ay! ¡la libertad le dio a tus alas
el aire y luz donde espaciar te veas,
y a la opresión das tú hierros y balas!

Si nuevas armas contra el hombre creas.
Si en el bien y en el mal tu esfuerzo ¡gualas.
Industria, don fatal, ¡Maldita seas!
(Montevideo – Uruguay, 1834 – Buenos Aires – Argentina, 1911)

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