UN CUENTO POLÍTICO

»Aquí, mi Poeta sugerido: Francisco Garfias López

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Una vez hubo un Partido,
fue Podemos pa’ más señas,
que llevaba en sus enseñas
a un tal cielo prometido.
Como quiera que el tendido
tal promesa la anhelaba
generoso le votaba
a la espera del suplido.
Y así fue que el aludido
al Gobierno se acercaba.

Y logró lo que soñaba
que era estar siempre presente
junto a Sánchez, Presidente,
que era allí quien más mandaba.
Y a medida que avanzaba
poco a poco el muy tunante
dando un paso hacia adelante
de los pobres se olvidaba,
y trocaba su semblante
al mirar como medraba.

Sin descanso y sin demora
se compró una gran mansión
y logró ya su pensión
de por vida. A su señora
la hizo dueña y gran mentora
de la causa femenina,
-pues si hay gallo aquí hay gallina-,
con su remuneración.
La penuria está que trina,
calva pintan la ocasión.

Y aunque dicen poco a poco
los que antaño les creyeron
van mostrando que se fueron
para no sufrir sofoco.
Siempre quedará algún loco,
que él, cubiertos los riñones,
seguirá dando lecciones
así digan viene el coco,
lleno de contradicciones.

Que me quiten lo bailao
y a los pobres que les den,
que yo vivo y vivo bien,
voy mirando hacia otro lao.
Y me tiene sin cuidao
los que puestos de trabajo
van creándole a destajo
si por ello han arruinao.
Yo me mofo del sarao
pues sin dar un palo al agua
voy contento en mi piragua
que ser rico ya he lograo.
©onaciano bueno

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El argumento de este poema no crean que es inventado. Es la historia de los cabecillas de un Partido, Podemos, que en nombre de los pobres consiguieron hacerse ricos en menos que canta un gallo.

MI POETA SUGERIDO: Francisco Garfias López

Francisco Garfias López

EL MENSAJE

Hombre –niño que naces-, ¿que mensaje es el tuyo?
¿A qué celeste mundo tu llanto pertenece?

La vida es esto, sí:
una quejumbre incierta,
un apenas latido,
ese yermo que ves desde tu lágrima.
También hay rosas, risas,
y la palabra amor de vez en cuando.

De Dios a Dios –un círculo de urgencia–
vienes y vas,
en restallante pasmo.
Te espera un inseguro sendero tornadizo.
Sabrás del abrasado silencio
y del mordisco en la nieve mortal, en el hastío.

Dime, niño que llegas, hombre:
¿qué mensaje nos traes?
¿qué nueva movediza te encomendó el destino,
la mano creadora?
Déjanos tu secreto como un fruto temprano,
¿o acaso no lo sabes y tanteas,
aquí y allá, doliente,
como un ciego?

¡Qué hondura tu misterio,
tu fronda de pureza!
En el pecho de Dios te desprendiste,
algo distinto ya, flor de fruto que cuaja,
y la sangre del hombre te llevó en su corriente.
¿Recuerdas?
Fuiste creciendo allí.
Comenzaba un temblor, un burbujeo de anhelos,
un rebullir de savias, de tejidos purísimos…
¿Y qué más? ¿Qué sentías?
¿Tropezaste de pronto con el aire?
¿O llorabas, nostálgico de los ángeles buenos,
tus amigos los ángeles?

A cada instante brotas, hombre, de la divina nada,
bajo una estrella, un signo,
una esperanza aguda.
Entregas tu mensaje y te vas, luego…

Este escurrirse así, girándonos los ojos,
se llama muerte, hombre…
se llama muerte y es crecer, pujar, divinizarse,
cuando ya sobre el surco se ha puesto la simiente.

LA FRENTE

Oh tú, mi frente, piedra sin encanto,
erguida contextura, ámbito esquivo,
resquebrajada losa de los sueños,
solemne, encaramada rosa mustia…

Cuánto me pesas, frente, sobre el alma.
¡Qué pequeño el cimiento de la sangre
para tan amplia bóveda!

Quiso el hacha de Dios, el hacha ardiente,
desgajarme, menguarme, recortarme,
pero dejóme intacto el pensamiento
en la patena torva de mi frente.

Cúpula sostenida de milagro,
rueca de dura sangre, bosque ardido,
pleamar de mis dudas, ven, descansa
sobre estas manos que aún conservo,
acaso tan solo para ti, piedra silente…

Todo el cuerpo es puntal para el cimborrio,
torpe columna que sostiene el sueño:
arbotantes, cruceros… Sube el ansia
como una espuma de mi pie y se abre
arriba, en el crujido de mis sienes,
cerca de Dios que en su latido vive.

Oh, qué cerca del cielo está mi frente,
esta frente llevada a duras penas
por este cuerpo que rompiera el hacha
del tiempo, el hacha fúnebre y doliente
que en las divinas manos centellea.

AUNQUE ES DE NOCHE

Casi la sequedad en el encanto.
Casi la soledad en compañía.
Casi de noche y sin embargo día.
Apenas risa y sin embargo llanto.

Si pronuncio ilusión brota el espanto
en la rama fugaz de la alegría.
De este vivir en ascuas yo diría:
Apenas nada y sin embargo tanto…

Aunque es de noche busco aquella fuente
que mana, corre y moja la maleza,
hasta la urgente lumbre de mi arcilla.

Señaladme, por Dios, esa corriente
del agua que no acaba y que no empieza,
y dejadme olvidado por la orilla.”

ESTABA DIOS AQUÍ

Ocurre a veces que la mano toca
el cielo y no lo sabe.
Estaba Dios aquí. ¿Lo habéis sentido?
Estaba en la sonrisa de aquella flor del cáncer.

Ella no lo sabía del todo, pero a veces
le exaltaban tumultos de Dios por todas partes.
Tanto que repartía Dios en cada mirada.
Tanto que entre las sábanas le crecía, abrazándole,
y se llenaba toda de un Dios multiplicado
como se llena una hostia grande.

Ocurre a veces que la mano toca
más allá de la muerte y no lo sabe.

Estaba Dios aquí. ¿No lo habéis visto?
Y al callarnos se oía
la Eternidad crujiéndole en la sangre.

COMO LA MADRUGADA

Noche pide la carne,
pero auroras el alma.
Mi vida está en el filo
como la madrugada.

El pensamiento muerde
lo que la sangre clama
en esta gran marea
que rueda por el ansia.

Hiriendo están las sombras
la espumilla del alba,
rosa y luna que acechan
palabras sin palabras.

¿Qué claridad me busca?
¿Qué tiniebla me llama?
¿Qué antigua voz de incienso
me aprieta en la garganta?

Hormigas que subieran,
lentas, por mis espaldas,
buscando el peso mustio
de mi tierra y mi agua…

La arena es dura y fría
para el clamor del alma
pero la flor enerva
la carne disparada.

Si por la noche, vida,
muerte por la mañana.
Mi angustia está en el filo
como la madrugada.

LA GRANADA

La luz está en tu centro,
roja y cálida. Es como una granada
que mostrara, al romperse,
sus gemas de rocío, sus granates,
su rubí transparente.

Sí, amor, tu corazón es una granada loca
que mostrara de pronto su joyero de sangre.

ESTA SED QUE SE ALZA DE MI SANGRE

Abrirme yo en tu piel como una fuente
y correr por tu vida como un río.

Apáguense las voces que retienen
silencios del amor, gozos de alcoba.
Apáguense los ecos que repiten
el rodar macerado de los pasmos
y que la luz se vuelque en este trance
que golpea la voz de mis cimientos.

Yo quiero tu volumen, lumbre exacta
la de mi mano que te mide, absorta
como la luz del sol mide en el astro
meridianos candentes, día tras día.

Ya sé que eres de barro. Barro soy
terriblemente, yo, pero en la médula
de esta tierra de nadie corre savia
de altísimo delirio.

Mugiendo están los poros de mis sienes
en la noche apagada de tu tacto
y todo el cuerpo es una boca ansiosa
para mi sed perfecta,
para esta sed redonda y absoluta
que se alza de mi sangre
como un humo, sin ti.

Ya sé que eres de barro, ¿pero acaso
no sientes los arroyos de la sangre
hablándote de Dios?

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