Carmen Ollé (poeta sugerido)

CAINITAS/Donaciano

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Aquestos tiempos de dolor y rabia
perturbados desde el crimen de Caín,
la ortiga que irritando va el jardín
maldades va arrastrado entre su savia.

¿Cómo pudo ocurrir tanta desgracia?
¿qué le impulso a matar Caín a Abel?
¿qué pasó para que fuera tan cruel?
quisiera la verdad, no una falacia.

Hoy, lamentable, el crimen se repite
hermanos que pelean con hermanos
llenando sus caminos de chinitas.

La avaricia y codicia aquí compite,
intrínseca maldad de los humanos,
rencor, venganzas y luchas cainitas.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Carmen Ollé

Carmen Ollé

¿Quién te ama, Mishima?

La rutina, esa enemiga si tú y yo
caminamos de la mano
o si tú y yo nos sentamos en un café
a filosofar
  filosofía de viejos harapientos
marido y mujer al fin y al cabo,

en la Martinica vivió Juan del Diablo
pasé mis años adolescentes en una embarcación de vela
como la de él
la oreja pegada a la radio,
has bajado los párpados cansada de oírme
el mismo tema,

fue Morita –entonces digo- el discípulo, quien le
asestó el golpe de gracia ¿sabes? Fue un mal golpe,

voces extranjeras se confunden con los
rugidos de las olas
ninguna es como tú, ninguna alcanza
tu pequeñez, querida… y
cómo odio ese sol
a las tres de la tarde
tus ojos vuelven a caer
son los de un dios tibetano.

¿Fue sólo el vino lo de aquella vez? ¿Lo crees?
¿Sólo el vino? Acaso fuera el vino
y sólo eso…
pero cada botón de tu blusa era uno menos y uno más
como me gusta
una tanga negra entre tus piernas
un poco sucia
como me gusta

y ya no era yo sino otra
en la goleta de Juan
en la mismísima isla de mi infancia
el sol ya se había ocultado como ahora
las brujas bajaban a mi dormitorio
a recoger los papeles regados
el diablo duende escondido en el empotrado
detrás de la cortina
de noche
mi desidia ha de arrancarte mil dudas
cualquier elipsis por la que mi entendimiento
huye hacia la nada oscura
te hace daño a ti que has vuelto
de la traición al mar,

cruzas el mar con el jeep y cada ola
te hace soltar una carcajada purpúrea
los cabellos llenos de arena
la ropa pegada al cuerpo,
pendes de la absoluta ilusión.
Otra ola más, gritas, llena de dicha
me acerco desde la orilla y trepo
olvidada.

¿Qué viajeros, qué poetas se perdieron
en el tiempo, los océanos, los médanos
las hogueras encendidas
el sable en alto,
Morita?

Frágil ante lo inmundo

Frágil ante lo inmundo
lo inmundo considerado como una débil respuesta
del ser cotidiano ante sus mezquindades
me sorprendo en una ciudad cuyo nombre
ni la humedad pegada a los muros ancianos
ni sus palomas tísicas
me importan
como estar en su imagen de plástico
hundiéndome en La Defense
o
perdida en el ardor de su pasado

  ah pureza frescor de lo marchito
  toneladas de plumas nos cubren
  nos desnudan en tu presencia
  y tú ciudad donde hoy habito
  ¿naufragas o emerges de mi
  calidoscopio?

A pocos metros de la estación moderna me habita
en pequeñas áreas mal ventiladas
campiñas fantasmales donde uno (de pocos ingresos)
atraviesa la tarde de un verano desolado
desde sólo un ángulo
          -lo maravilloso de la tarde-
su caricia en el sexo es la de un espectro
y amo esa tarde como en un film.

El ardor del pasado descansa en la infancia
pero no puedo ocuparme largo rato de esta transparencia
y no deseo edificar una infancia
lo maravilloso es la rama torcida
que se eterniza en un material innoble (chatarra)
esta falta de flores lo es sobre la tarde gris.
Apoyada en tus brazos:
de las viejas Bastillas
nace tu sonrisa más fresca
y mis partes están irritadas con fluidos verduscos
como tonos impresionistas
caminando para aprehender el rígido otoño en el Louvre
el sentimiento de piedra de la Venus egipcia
o el gesto de bronce de una pierna de gladiador
           -sótanos y galerías de tesoros robados-
camino, palpo el tubérculo de los recuerdos
mi cuerpo de niña   
                  el silencio rígido
de la pureza
nada de entonces puede penetrarme en el miedo
como esta ciudad en la usura.

En praga

a Giovanna Pollarolo

El viento corta el rostro en la estación de Schönefeld,
he podido olvidar que estoy acá, camino a Praga
para pensar en ti desde el Este…

Bésame mucho, canta una voz en una radio lejana,
como si fuera ésta
la última vez…

La música en español nos persigue inútilmente
como si en realidad fuera la última vez.
Mi compañera de viaje duerme sin conocer el peligro.
El tren se separa de Occidente hacia un oscuro
campo, hacia un oscuro destino.
Sólo los vietnamitas
saben a dónde van y para qué.
Nosotras, apenas, a divisar a lo lejos algún
puente sobre el Moldau
o una apacible plaza de rostros lánguidos
y blancos
que no se parecen a Kafka.
Sólo nosotras podíamos caer en un hotel
con ese nombre: Kafka:
habitación número 5
y el Moldau fluye sin flotantes…

Ella abre los ojos y mira
melancólica el paisaje.
También huye, pienso, de algún
mal de amor…

Los gendarmes, duros y verdes, nos detienen,
¿viajeras? Sí, obsesas, como si fuera
la última vez.
Vacío mi mochila, un frasco de crema Revlon
cae, sospechoso, como el color de los ojos asesinos.

Dos solitarias y
 el aire parece lleno de fantasmas
una buhardilla alta,  en un viejo edificio
nos tienta
los escritores y los artistas
somos gatos agazapados en los tejados
soñolientos gatos y sabios…
Bravo, has sonreído después de mucho tiempo
en la calle Malá Strana, vieja y barroca,
seguramente Kafka conoció a Felicia en ella
y las delicias de Felicia,
el mejor remedio contra el mal de amor
es sobre todo el vino, entonces vamos
paseemos por todas las tabernas
de noche y de día…
No preguntes por Auschwitz, que
está en Polonia…
En Bohemia corta el viento
con lujuria
…el café Mozart tiene sillones de terciopelo púrpura
y el Moldau fluye pérfido, olvidadizo…

Casa de cusipata

(A la madre del Inca Garcilaso)

Casi un infierno sin luz
como ante el púlpito de San Blas
la calavera de Horcacitas.
Señor, qué madera,
he cerrado los ojos, Señor,
y no me entretengo en el altar
aunque brille marrón el oro
por la plegaria impura.

Ahí,
la madre del bastardo,
el cordero de Dios.

La princesa en casa.
Vagabundeo por la vieja ciudad
¿Dónde he de verla por fin?
Miro a los lados, insomne,
acaso llegaré a comprender
el ansia.

Y ella advenediza, solitaria,
en el altar se arrodilla para besar
la cruz,
peldaño a peldaño
da el beso maldito…
Delgada sería la pequeña
el vestido de organdí azul luce
con filamentos de oro en la cintura fina
los botines aún de moda.

Beatífica viajera
la princesa está en casa
mas a ti nada te importa
pues de lejos
  le dices adiós.

Una elegante silla negra
está rota en el recibidor.

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¿Y qué es lo que ha pasado? ¿por qué si es infinito, no se esmeró…
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